18.1.10

El sonido de la nieve al pisarla

Decidí descansar del invierno en Madrid e irme una semana a Londres, a finales de enero o principios de febrero. Como regalo de cumpleaños. No le dije a Miguel que se viniera conmigo, porque para esas fechas estaría todavía en Chicago o acabaría de volver y, con lo que tenía que viajar él a lo largo del año, seguramente no le apetecería meterse de nuevo en un avión pudiendo estar en casa por fin. Pero yo estaba cansada y aburrida de la rutina, y quería volver a la ciudad de la que estaba enamorada desde los diez años. Hablé con él el día que me iba, y me prometió estar esperándome en el aeropuerto a la vuelta.
No se cumplió el pronóstico del tiempo que había mirado en internet y, cuando me levanté el segundo día allí, me encontré con Londres teñido de blanco. Debía haber estado nevando toda la noche, y todavía caían pequeños copos. Salí a la calle sin perder un segundo y entré en una cafetería con un ventanal grande, a tomar un chocolate caliente (porque nunca fui mucho de café o té) y un muffin con una pinta increíble, me senté en una mesa al lado de la ventana, para ver la nieve y la gente que pasaba. A los ingleses con traje y maletín no parecía hacerles mucha gracia el tiempo, pero, en un parque, había unos niños vestidos con uniforme de colegio que estaban entusiasmados, y, por un momento, quise salir a jugar con ellos. Terminé el chocolate y salí de la cafetería rumbo a Notting Hill, visita obligada en todos mis viajes a Londres, sin dejar de prestar atención ni un momento al sonido de la nieve al pisarla, cosa que siempre me ha encantado. Había una tienda de música en la que siempre me perdía entre vinilos, pósters, libros y discos, y de la que nunca volvía a casa sin algo de allí.
Mientras rebuscaba en una estantería, se abrió la puerta y entró el viento helado de la calle.
– Sabía que estarías aquí – me dijo Miguel, pasándome el brazo por los hombros, con tanta naturalidad como si hubiésemos quedado en encontrarnos ahí.
No es Londres, pero Madrid también tiene su encanto nevado aquí

7 comentarios:

  1. Londres nevado debe ser increíble. ¡Como me encantaría poder ir!
    Si pudiese también cogería el primer avión y me daría un tiempecito allí :)
    Muy bonito.

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  2. Yo en el invierno londinense me habría tomado un vaso gigante de leche bien fría.


    (un miau
    con zapatos
    rojos)

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  3. dios!
    esta entrada me chifla!
    gracias por tu comentario!
    un beso!

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  4. Inviernos bonitos en Alemania, Canadá y sin ir más lejos, Barcelona :).

    Me encanta, guapa.
    Besitos de invierno.

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  5. ¡Tu relato sí que tiene encanto, bonita!

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  6. Londes, Madrid, donde sea.. con nieve chocolate caliente y Miguel qué más puedes pedir?!

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